Mis pasos sin rumbo no se detuvieron.
Miles de hojas secas bajo mis pies, resonaban en mis oídos.
El cielo violeta, un farol en lo alto me daban la bienvenida a santiago.
Árboles, aún verdes, me invitaron a sentarme bajo su alero.
Ahí estuve, con la mirada perdida y el vuelo de gaviotas detrás.
Un hombre se acerca y me indica que debo marcharme.
Busco el sendero de nuevo, y me doy cuenta que ya es de noche.
Las luces de la ciudad se toman las calles, y embellecen con sus brillos mi caminar.
Repentinamente, una pileta no me deja ir.
Tomo asiento nuevamente y su brisa empapa mi cara.
Ahora cierro mis ojos y sólo siento el sonido del agua al caer.
Invoca mil recuerdos, paisajes imaginarios, gente imaginaria, todo irreal.
Abro los ojos y ahí están… mil colores que saltan a vista y paciencia de todos.
Vuelve el ruido de la calle y me voy contenta. Re-encontrándome con Santiago
Miles de hojas secas bajo mis pies, resonaban en mis oídos.
El cielo violeta, un farol en lo alto me daban la bienvenida a santiago.
Árboles, aún verdes, me invitaron a sentarme bajo su alero.
Ahí estuve, con la mirada perdida y el vuelo de gaviotas detrás.
Un hombre se acerca y me indica que debo marcharme.
Busco el sendero de nuevo, y me doy cuenta que ya es de noche.
Las luces de la ciudad se toman las calles, y embellecen con sus brillos mi caminar.
Repentinamente, una pileta no me deja ir.
Tomo asiento nuevamente y su brisa empapa mi cara.
Ahora cierro mis ojos y sólo siento el sonido del agua al caer.
Invoca mil recuerdos, paisajes imaginarios, gente imaginaria, todo irreal.
Abro los ojos y ahí están… mil colores que saltan a vista y paciencia de todos.
Vuelve el ruido de la calle y me voy contenta. Re-encontrándome con Santiago
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