Estoy acostumbrada a pensar mucho.
A pensar en todos los detalles, en las cosas buenas y malas, explicándo los por qués de toda situación.
Pero creo que ya me he cansado un poco.
Frenar lo que se siente por pensar, le quita a la vida ciertos gustos que antes saboreaba.
Hoy no sé de sabores y quiero volver.
No sé como librarme de las ataduras. No sé cómo entregarme.
Thursday, April 23, 2009
Tuesday, April 21, 2009
siempre me emocionas Neruda
El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.
Escucha como el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo,
sumergido bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola descansaré,
amor mío.
El viento en la Isla
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.
Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.
Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.
Escucha como el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.
Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.
Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo,
sumergido bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola descansaré,
amor mío.
El viento en la Isla
Saturday, April 18, 2009
Wednesday, April 15, 2009
Extracto
Mis pasos sin rumbo no se detuvieron.
Miles de hojas secas bajo mis pies, resonaban en mis oídos.
El cielo violeta, un farol en lo alto me daban la bienvenida a santiago.
Árboles, aún verdes, me invitaron a sentarme bajo su alero.
Ahí estuve, con la mirada perdida y el vuelo de gaviotas detrás.
Un hombre se acerca y me indica que debo marcharme.
Busco el sendero de nuevo, y me doy cuenta que ya es de noche.
Las luces de la ciudad se toman las calles, y embellecen con sus brillos mi caminar.
Repentinamente, una pileta no me deja ir.
Tomo asiento nuevamente y su brisa empapa mi cara.
Ahora cierro mis ojos y sólo siento el sonido del agua al caer.
Invoca mil recuerdos, paisajes imaginarios, gente imaginaria, todo irreal.
Abro los ojos y ahí están… mil colores que saltan a vista y paciencia de todos.
Vuelve el ruido de la calle y me voy contenta. Re-encontrándome con Santiago
Miles de hojas secas bajo mis pies, resonaban en mis oídos.
El cielo violeta, un farol en lo alto me daban la bienvenida a santiago.
Árboles, aún verdes, me invitaron a sentarme bajo su alero.
Ahí estuve, con la mirada perdida y el vuelo de gaviotas detrás.
Un hombre se acerca y me indica que debo marcharme.
Busco el sendero de nuevo, y me doy cuenta que ya es de noche.
Las luces de la ciudad se toman las calles, y embellecen con sus brillos mi caminar.
Repentinamente, una pileta no me deja ir.
Tomo asiento nuevamente y su brisa empapa mi cara.
Ahora cierro mis ojos y sólo siento el sonido del agua al caer.
Invoca mil recuerdos, paisajes imaginarios, gente imaginaria, todo irreal.
Abro los ojos y ahí están… mil colores que saltan a vista y paciencia de todos.
Vuelve el ruido de la calle y me voy contenta. Re-encontrándome con Santiago
Monday, April 13, 2009
Esto es Recordar
Era una tarde de otoño, de esas frías en donde las hojas tristes de los árboles caen sin que haya viento. Yo llevaba mi abrigo gris y tú te cubrías con tu chaqueta negra, esa que te queda tan bien.
Nos encontramos en plena Alameda, en plaza Italia, el lugar perfecto para un par de despistadas almas. De lejos nos vimos, caminamos casi corriendo para abrazarnos, pero al estar frente a frente el tiempo se paró. Las micros dejaron de circular, los perros dejaron de ladrar y la gente dejó de respirar. Sólo fuimos tú y yo en cinco minutos, hundidos en esas profundas miradas que imploraban el abrazo. Esbozando una sonrisa te dije hola, y tu respondiste acercándote con un beso en mi mejilla. El mundo volvió a ser el de siempre y nosotros también. Caminamos calentando nuestras manos, hablando de nuestras vidas, del trabajo del estudio, de lo bella que estaba la tarde, mientras yo trataba de acercarme a ti.
Encontramos una banca vacía, nos sentamos. Yo estaba nerviosa, tu fumabas un cigarro. El silencio se apodero de la situación, yo te miraba mientras tu agachabas la cabeza. Respiré profundo, me armé de valor y en voz baja dije “te quiero”. Te paralizaste. Me miraste, y mis mejillas tomaron un profundo color rojizo. Me paré para pasar aquel bochornoso espectáculo, pero no había sido así. Apagaste tu cigarro, me seguiste y tomaste mi mano. Me miraste con esos profundos ojos café. Con la otra mano tomaste mi cara y con un gesto me entregué a ella. Y en ese instante me besaste. Por largo tiempo lo imaginé, pero la realidad superó la ficción. Me abrazaste con fuerza mientras los árboles nos regalaban una hermosa lluvia café. Te abracé, y así nos quedamos. Acariciaste mi cabello, y no podía creerlo. Anochecía y los colores en el cielo eran perfectos. Dijiste que me querías y que no querías estar sin mí. Y mi corazón latía cada vez más fuerte con cada palabra que salía de tu boca. Yo tampoco – respondí.
Nos encontramos en plena Alameda, en plaza Italia, el lugar perfecto para un par de despistadas almas. De lejos nos vimos, caminamos casi corriendo para abrazarnos, pero al estar frente a frente el tiempo se paró. Las micros dejaron de circular, los perros dejaron de ladrar y la gente dejó de respirar. Sólo fuimos tú y yo en cinco minutos, hundidos en esas profundas miradas que imploraban el abrazo. Esbozando una sonrisa te dije hola, y tu respondiste acercándote con un beso en mi mejilla. El mundo volvió a ser el de siempre y nosotros también. Caminamos calentando nuestras manos, hablando de nuestras vidas, del trabajo del estudio, de lo bella que estaba la tarde, mientras yo trataba de acercarme a ti.
Encontramos una banca vacía, nos sentamos. Yo estaba nerviosa, tu fumabas un cigarro. El silencio se apodero de la situación, yo te miraba mientras tu agachabas la cabeza. Respiré profundo, me armé de valor y en voz baja dije “te quiero”. Te paralizaste. Me miraste, y mis mejillas tomaron un profundo color rojizo. Me paré para pasar aquel bochornoso espectáculo, pero no había sido así. Apagaste tu cigarro, me seguiste y tomaste mi mano. Me miraste con esos profundos ojos café. Con la otra mano tomaste mi cara y con un gesto me entregué a ella. Y en ese instante me besaste. Por largo tiempo lo imaginé, pero la realidad superó la ficción. Me abrazaste con fuerza mientras los árboles nos regalaban una hermosa lluvia café. Te abracé, y así nos quedamos. Acariciaste mi cabello, y no podía creerlo. Anochecía y los colores en el cielo eran perfectos. Dijiste que me querías y que no querías estar sin mí. Y mi corazón latía cada vez más fuerte con cada palabra que salía de tu boca. Yo tampoco – respondí.
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